martes, 8 de febrero de 2011

PRINCIPIOS DE LA ÉTICA


PRINCIPIOS DE LA ETICA

¿Qué es hacer lo correcto?

Hacer lo correcto comienza con saber qué es lo correcto.' ¿De qué formas la acción responsable depende de un pensamiento crítico y bien fundamentado.


Toda acción es seguida de una reacción y que como consecuencia de ello podemos calificar a nuestras acciones como correctas o no, en base a las consecuencias que de ellas se derivan. Saber que es correcto implica tener un cierto conocimiento que las cosas que vamos a hacer no van a tener consecuencias no deseadas para nosotros ni tampoco para nuestros semejantes, ni mucho menos para los otros seres que con quienes convivimos.


El fin no justifica los medios


El fin justifica los medios es una frase que representa al maquiavelismo y quiere significar que gobernantes y otros poderes han de estar por encima de la ética y la moral dominante para conseguir sus objetivos o llevar a cabo sus planes.

Obviamente, este silogismo defendido por la doctrina del Bien Superior se opone frontalmente a la doctrina cristiana que declara exactamente lo contrario: El fin no justifica los medios. No obstante, la frase en sí parece provenir de un manual de ética escrito en 1645 por el teólogo jesuita Hermann Busenbaum (Medulla theologiae moralis). En él puede leerse: cum finis est licitus, etiam media sunt licita ('cuando el fin es lícito, también lo son los medios').


El principio doble efecto


Algunas reflexiones relacionadas con el ejercicio médico". El Principio del Doble Efecto es una acción que tiene dos efectos, uno bueno y otro malo. Esta doctrina fue acuñada por Santo Tomás y elaborada posteriormente por los teólogos salmanticenses del siglo XVI. En medicina, como en cualquier profesión u oficio, toda acción debe sopesarse con sumo cuidado ya que siempre existe la posibilidad de dañar. Primum non nocere -primero no dañar- aconsejaba desde hace 24 siglos Hipócrates. Imbuidos en la magia de la biotecnológica, en la medicalización de la vida y en la despiadada comercialización de la medicina,

esa idea, debería ser hoy la oración que rija día a día todas las conductas de los

médicos.


Muchos apartados en medicina deberían enseñarse "al revés". Por

ejemplo, los doctores tendrían primero que aprender los efectos adversos de los

fármacos antes que sus bonanzas, deberían conocer los riesgos derivados de una

interpretación inadecuada de una resonancia magnética y deberían sopesar la

utilidad de los diversos exámenes que se duplican por doquier antes de solicitarlos

y, por supuesto, antes de medicar.

En suma: actuar a sabiendas que toda buena

acción puede conllevar resultados negativos (primero no dañar).


El Principio del Doble Efecto reúne cuatro condiciones:

1. La acción debe ser buena o, al menos, no mala; para algunos, no mala, es

equiparable con indiferente o permitida.

2. La acción no busca producir malos resultados ni mal alguno.

3. El buen resultado no es consecuencia del mal. Es decir, no se usa un mal

como medio para obtener algún resultado (para muchos este es el punto de

mayor importancia).

4. El resultado final es que lo bueno debe ser proporcionado. Es decir, las metas

positivas deben ser mayores que los males acumulados como consecuencia

de los actos.


El Principio del Doble Efecto -también conocido como el principio del

voluntario indirecto- pone de manifiesto que la inmensa mayoría de los actos

conllevan incontables ambigüedades y problemas. Lo anterior implica que entre

una decisión y otra debe elegirse la que más se apegue a la “mejor ética”, o la

que produzca el mayor beneficio, y el menor daño, en caso de que no exista la

posibilidad de no afectar.


Dos ejemplos médicos ilustran bien algunas de las diatribas contenidas

en el Principio del Doble Efecto. ¿Qué debe hacerse cuándo se presupone que

separar a siameses conllevará “casi seguro” la muerte de uno y “casi seguro” la

supervivencia del otro, a sabiendas que sin separarlos ambos podrían vivir

“muchos años” aunque en condiciones inadecuadas? Si se siguen las indicaciones

de los cirujanos nada puede objetarse en relación a los tres primeros puntos, pero,

¿cómo responder al cuarto? Si el siamés que se salvó, quedase con muchas

deficiencias, haber inducido la muerte del otro parecería incorrecto ya que las

metas positivas no fueron mayores que las negativas.


Segundo ejemplo. En India, es frecuente que los hindúes vendan órganos

a extranjeros. El dinero obtenido de la venta puede ser suficiente para mantener a

una familia por años -o al menos para impedir que mueran de hambre. Vender un

riñón no suele modificar la vida del donante, pero, al "donar" la córnea se pierde la

visión del ojo. Qué debe decirse de la acción del comprador, de los cirujanos

implicados e incluso de la decisión del donante: ¿Es lícito?, ¿se viola

"demasiado" la ética? Si se aplica el Principio del Doble Efecto la acción puede

leerse desde dos puntos de vista: es buena para el receptor -tendrá visión- y

satisfactoria para el donador -alimentará a su familia; sin embargo, es también

mala para el segundo pues perderá su visión; el resultado positivo para el

receptor, desde el punto de vista médico, es consecuencia de un mal resultado

médico para el donante, pero, desde el punto de vista humano, es peor enfermar o

morir por desnutrición que perder un ojo.


Finalmente, los frutos son óptimos para

el receptor y los bienes obtenidos por el segundo deben balancearse: el valor de

un ojo contra la urgencia del alimento.


El Principio del Doble Efecto, aplicado a los ejemplos anteriores y a

incontables situaciones médicas ilustran bien la necesidad de equilibrar las

decisiones médicas, aun cuando éstas sean aparentemente muy sencillas. Elegir

entre hacer o no hacer, o entre tomar un camino u otro ("toda elección implica una

pérdida", sostenía Schoppenhauer) sugiere que la mejor ética es la que más

beneficios produce a todos los implicados.


Para lograr ese propósito, amén de contar con un mínimo de

conocimientos, se requiere ser leal al enfermo -no venderse a las compañías

farmacéuticas-, ser ético -tratar al paciente como a uno mismo- y siempre tener

en mente los dos filos del Principio del Doble Efecto.


LEY NATURAL


La ley natural o IUSNATURALISMO es un enfoque filosófico del derecho, basado en la aceptación de que existe una serie de Derechos del Hombre, naturales y universales, superiores o independientes al ordenamiento jurídico positivo, y que son, inclusive, la razón de que exista tal ordenamiento.


Las teorías sobre el derecho natural o la ley natural tienen dos vertientes analíticas principales relacionadas. Por una parte, una vertiente ética y, por otra, una vertiente sobre la legitimidad de las leyes.


La teoría ética del derecho natural o de la ley natural parte de las premisas de queEl hombre es un fin en sí mismoLos humanos son racionales y os humanos desean vivir y vivir lo mejor posible. De ahí, el teórico del derecho natural llega a la conclusión de que hay que vivir de acuerdo con cómo somos, de acuerdo con nuestra naturaleza. Si no lo hiciésemos así nos autodestruiríamos.


Eso supone que los seres humanos compartimos unas características comunes, una naturaleza o esencia: unas características físicas y químicas, biológicas, psicológicas, sociales y culturales, espirituales (racionalidad, por ejemplo), etc. Eso hace que las formas de vida que podemos vivir y las formas de vida que podemos vivir satisfactoriamente no sean ilimitadas debido a nuestras necesidades.


Habitualmente, una objeción que se suele poner a esta teoría es la variabilidad de la conducta humana. Sin embargo, la teoría pretende señalar que no todo es bueno para los humanos. Y de este modo, la teoría del derecho natural ha contribuido a dar a luz a las teorías de los derechos y a una forma, entre otras, de dar razones para justificar los Derechos Humanos y los derechos fundamentales.


Pese a ello, eso no quiere decir que la teoría del derecho natural conduzca, necesariamente, a que hay una sola forma de vida correcta para los seres humanos. Y, en consecuencia, el derecho natural no sería un conjunto único de normas que no tolera la diversidad en el significado de "vivir lo mejor posible".


John Finnis denomina a esta postura , según el una visión "monolítica" del iusnaturalismo como el argumento de la facultad pervertida.Lo considera una falacia.


Según dicha visión hay acciones malas simplemente porque no son naturales, entendiéndose por no natural lo que viola los principios del funcionamiento biológico humano. Por ejemplo, sin vida biológica no hay ser humano, por tanto cualquier interferencia al curso libre de la vida biológica humana -matar a alguien con electroencefalograma plano, abortar- es malo se mire como se mire. Otro ejemplo parecido es sobre la conducta sexual. Aunque la conducta sexual pueda dar placer no es para el placer, sino una forma de llevar a la procreación humana que es el fin de la conducta sexual. Por tanto, el sexo por placer queda prohibido, y solo puede ejercercer para la procreacion. La iglesia católica es uno de los principales sostenedores de la teoria. Pero esta forma de entender el derecho natural hace depender la conducta ética del aspecto biológico cuando, en sus orígenes, la teoría del derecho natural subrayaba la racionalidad humana por encima de la biología.


Desde el punto de vista de la filosofía del derecho, el iusnaturalismo (a veces se escribe "jusnaturalismo") mantiene que legitimidad de las leyes del derecho positivo, esto es, el conjunto de leyes efectivamente vigentes en un Estado, depende del derecho natural. Desde este punto de vista, el que una ley haya sido promulgada por la autoridad competente cumpliendo los requisitos formales exigibles no es suficiente para que sea legítima. La posición contraria es el positivismo jurídico o iuspositivismo.

Una consecuencia que habitualmente se extrae de la posición iusnaturalista es la siguiente: sería legítimo resistirse a la autoridad cuando intenta imponer el cumplimiento de una ley que no es compatible con la ley natural. El atractivo del iusnaturalismo es que de ese modo se justifica la resistencia a la autoridad abusiva del Estado. El problema es que, así planteadas las cosas, se mezcla la legitimidad moral de una ley con la legalidad de la ley (si ha sido promulgada siguiendo el procedimiento formal adecuado), distinción conceptual en la que hace hincapié el positivismo jurídico.


ANTECEDENTES HISTORICOS LEY NATURAL


Los orígenes remotos de la idea de derecho natural se encuentran en Aristóteles (s. IV a.C.). En su Ética a Nicómaco, Aristóteles distingue entre la justicia legal o convencional y la justicia natural "que en todo lugar tiene la misma fuerza y no existe porque la gente piense esto o aquello" (V,7). En el mismo lugar, Aristóteles insiste en que las leyes naturales no son inmutables pues en la propia naturaleza humana hay cambios naturales debido a principios internos de desarrollo. Y el ser humano tiene como rasgo fundamental la racionalidad que permite indagar en la vida característicamente humana.



Este aspecto de la racionalidad será retomado por el Estoicismo desde otro punto de vista. La naturaleza humana forma parte del orden natural. La razón humana es una chispa del fuego creador, del logos, que ordena y unifica el cosmos. La ley natural es así, ley de la naturaleza y ley de la naturaleza humana y esta ley es la razón. Y esa razón ha sido implantada por la divinidad (o los dioses). Como la razón puede pervertirse al servicio de intereses fuera de la propia razón se decía que la ley natural es la ley de la recta o sana razón.


De este modo, Cicerón (s. I a.C.) afirmará que para el hombre culto la ley es la inteligencia, cuya función natural es prescribir la conducta correcta y prohibir la mala conducta -es la mente y la razón del hombre inteligente, la norma por la que se miden la justicia y la injusticia (Leyes, 1.VI). Cicerón escribe en el contexto de la formación del Derecho romano, el cual es fundamental para la idea de Estado de derecho, y tiene como fuente intelectual el Estoicismo.

A los cristianos no les costó mucho adaptar las ideas estoicas dada la vena teísta del Estoicismo en general y de Cicerón en particular. En la Edad Media, Tomás de Aquino partirá de la idea de Cicerón pero reformulará la idea de ley divina: Dios ha establecido una legislación eterna para el mundo natural y el mundo humano. Pero la plena comprensión de de esa ley divina está, con Aristóteles, en marcha, es un proceso en movimiento y eso es lo que conocemos como ley natural.


La tutela teológica del derecho natural llegará a su fin en el siglo XVII cuando el racionalismo se ocupe del derecho natural con autores como Hugo Grocio. En medio de las guerras de religión europeas, estos autores intentan proporcionar un marco moral para las naciones que garantice la paz:


“Ciertamente, lo que hemos dicho tendría lugar, aunque admitiésemos algo que no se puede hacer sin cometer el mayor delito, como es el aceptar que Dios no existe o que éste no se preocupa de lo humano.” De Iure Belli ac Pacis Libri Tres (Prolegomena, nº 11), 1625

De todos modos, esta posición no era radicalmente nueva, pues los jesuitas como Francisco Suárez (1548-1617) ya habían afirmado la autonomía de la ley natural.


Pese a lo dicho, en la actualidad se asocia el derecho natural a la doctrina moral de la Iglesia Católica. El motivo es que ésta suele apelar a la ley natural cuando realiza pronunciamientos morales. Los críticos señalan que la Iglesia Católica trata el derecho natural como un código de conducta fijo y ya conocido, cuyo depositario, precisamente, sería la propia Iglesia Católica. La respuesta a esta crítica suele ser que, de lo contrario, se caería en el relativismo, a lo que los críticos responden señalando que no hay que confundir el relativismo con la diversidad en la vida buena. Así, sin ser relativista, sería posible que unos mismos valores, bienes o normas puedan combinarse de distintas maneras para generar respuestas morales igualmente válidas pero diferentes.


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